PISA 2025: ¿Estamos enseñando a pensar o solo a encontrar respuestas?

Nunca fue tan fácil conseguir una respuesta. Un estudiante puede buscar en Google, preguntarle a una inteligencia artificial o resolver una duda desde el celular en segundos. Pero tener acceso a más información no significa necesariamente aprender mejor.
Los resultados de PISA 2025 en Costa Rica vuelven a poner esa contradicción sobre la mesa. El problema quizá no sea la tecnología en sí, sino lo que hacemos con ella dentro y fuera del aula.
Ese fue uno de los ejes del conversatorio “Informe PISA 2025 en perspectiva: análisis y oportunidades de la educación”, organizado por la Universidad Latina de Costa Rica (ULatina) y la Universidad Americana (UAM).
Celulares, inteligencia artificial, matemáticas, lectura, ciencias, desigualdad y formación docente fueron parte de una discusión que deja una pregunta de fondo: ¿está cambiando la educación al mismo ritmo que cambian los estudiantes?
El celular no es inocente, pero tampoco es el único culpable
Prohibir el celular parece una solución sencilla.
La realidad es más compleja.
Durante el conversatorio, Jorge Gamboa planteó que el reto no consiste únicamente en restringir el dispositivo, sino en definir cuándo aporta al aprendizaje y cuándo se convierte en una distracción.
Según los datos comentados durante el encuentro, un 23 % de los estudiantes costarricenses participantes indicó asistir a centros educativos donde el celular estaba prohibido, frente al 13 % registrado en 2022.
Pero no todos los colegios tienen las mismas condiciones.
Una institución con laboratorios, tabletas y buena conectividad puede limitar el celular porque ofrece alternativas. En otros centros, ese teléfono puede ser uno de los pocos dispositivos disponibles para acceder a contenidos digitales.
Entonces, la pregunta cambia.
No es simplemente si el celular debe estar dentro o fuera del aula.
Es para qué lo vamos a usar cuando está dentro.
La inteligencia artificial ya llegó. Ignorarla no la hará desaparecer
La inteligencia artificial ya forma parte de la vida académica de muchos estudiantes.
Puede resumir un texto, explicar un concepto, resolver un ejercicio o generar una respuesta en segundos.
Eso también crea un riesgo: confundir rapidez con aprendizaje.
Durante el conversatorio se planteó que el reto no debería limitarse a descubrir si un estudiante utilizó inteligencia artificial. La verdadera pregunta es si sabe analizar lo que la herramienta le entrega.
¿La respuesta es correcta?
¿De dónde salió?
¿La fuente es confiable?
¿El estudiante entiende realmente lo que está leyendo?
Ariel Méndez utilizó una comparación que resume bien el desafío: la inteligencia artificial puede ser una brújula, pero la brújula no es el destino.
Si la respuesta está en internet, ¿para qué necesitamos al docente?
Precisamente por eso.
Cuando la información está disponible en segundos, el papel del docente no desaparece. Cambia.
El profesor ya no puede ser únicamente quien transmite datos. Su valor está cada vez más en ayudar a interpretar, cuestionar, relacionar y aplicar esa información.
La formación docente adquiere así un peso todavía mayor.
No basta con tener una plataforma digital, una aplicación o acceso a inteligencia artificial. El docente necesita saber qué quiere lograr con esa herramienta y cómo convertir su uso en una experiencia de aprendizaje.
La tecnología puede entregar información.
El docente puede ayudar a convertir esa información en criterio.
Matemáticas: quizá estamos intentando resolver el problema demasiado tarde
Los datos discutidos durante el encuentro muestran que Costa Rica acumuló una caída de 24 puntos en matemáticas entre 2009 y 2022, seguida de una recuperación de dos puntos entre 2022 y 2025.
Pero una de las reflexiones más importantes fue que el problema no comienza cuando el estudiante tiene 15 años.
Dora Hernández señaló que el pensamiento matemático empieza desde la primera infancia.
Clasificar objetos, reconocer patrones, comparar tamaños, medir distancias o descubrir por qué una torre de bloques se cae también son formas de aprender matemáticas.
El problema aparece cuando esas experiencias terminan convirtiéndose únicamente en fórmulas y ejercicios sin conexión con la realidad.
Las matemáticas tienen más sentido cuando responden una pregunta que el estudiante puede entender:
¿para qué me sirve esto?
“No soy bueno para matemáticas” también puede convertirse en parte del problema
La forma en que un estudiante se percibe puede influir en cómo enfrenta una materia.
Si una persona asume desde pequeña que “no sirve para matemáticas”, cada error puede convertirse en una confirmación de esa idea.
Durante el conversatorio se habló de la importancia de desarrollar una mentalidad de crecimiento: entender que equivocarse, volver a intentar y pedir ayuda también forman parte del aprendizaje.
No todo depende del contenido.
La confianza del estudiante también cuenta.
Ciencias dio una señal positiva. Ahora toca entender por qué
PISA 2025 también dejó espacio para una lectura más optimista.
En ciencias, Costa Rica mostró una recuperación de 13 puntos entre 2022 y 2025, después de una caída acumulada durante años anteriores.
El dato abre una pregunta interesante:
¿qué se está haciendo en ciencias que podría funcionar en otras áreas?
Durante el encuentro se mencionaron prácticas vinculadas con la indagación, la investigación y la resolución de problemas.
En lugar de limitarse a memorizar una respuesta, el estudiante aprende a preguntar, buscar evidencia y comprobar si una explicación tiene sentido.
Y esa habilidad hoy vale mucho más allá de un laboratorio.
En tiempos de IA y redes sociales, saber dudar también es aprender
Una publicación puede viralizarse y seguir siendo falsa.
Una respuesta generada por inteligencia artificial puede sonar perfecta y contener errores.
Una afirmación repetida miles de veces puede seguir sin tener evidencia.
Carla Alfaro puso el foco en esa realidad: el estudiante necesita desarrollar la capacidad de detenerse antes de creer o compartir.
¿Quién lo dice?
¿Qué evidencia presenta?
¿Es una opinión o un dato?
¿Puedo comprobarlo?
En ese sentido, la educación científica también puede convertirse en una defensa contra la desinformación.
¿Estamos perdiendo la capacidad de leer con calma?
En lectura, Costa Rica acumuló una caída de 28 puntos entre 2009 y 2022, seguida de una recuperación de un punto hacia 2025.
El problema no se reduce a cuántos libros leen los estudiantes.
Comprender un texto permite analizar instrucciones, interpretar información, argumentar y aprender prácticamente cualquier otra materia.
Durante el conversatorio también apareció una reflexión incómoda sobre el tipo de contenido que consumimos hoy.
Videos de segundos.
Respuestas inmediatas.
Información rápida.
El reto aparece cuando esa lógica se traslada a todo y dejamos de dedicar tiempo a comprender ideas más complejas.
Antes de pedirle a alguien que lea, hay que darle una razón para hacerlo
Ariel Méndez compartió una experiencia de sus primeros años como docente.
Había asignado una lectura y esperaba buenos resultados. Al evaluar, muy pocos estudiantes lograron responder correctamente.
La solución no fue exigir más.
Cambió la forma de enseñar.
Comenzó a relacionar la obra con ciencias, matemáticas y estudios sociales. La lectura dejó de ser una actividad aislada y se convirtió en parte de una conversación.
Los estudiantes comenzaron a participar.
La experiencia deja una idea sencilla: el interés también se enseña.
Hay algo que ninguna aplicación puede corregir: la desigualdad
Hablar de educación digital sin hablar de acceso puede producir conclusiones incompletas.
Durante el conversatorio se señalaron diferencias entre centros públicos y privados en conectividad, equipos, laboratorios y disponibilidad de recursos.
Eso cambia por completo la discusión sobre tecnología.
No es lo mismo restringir el celular en una institución con múltiples dispositivos disponibles que hacerlo donde el teléfono representa una de las pocas posibilidades de conexión.
Tampoco sirve hablar de inteligencia artificial si parte del estudiantado todavía enfrenta dificultades para acceder a equipos funcionales.
La transformación digital también depende de infraestructura, inversión y oportunidades.
Y hay una pregunta todavía más básica: ¿qué pasa si el estudiante no llega?
El ausentismo también apareció como uno de los grandes desafíos.
Los especialistas señalaron que no debería tratarse únicamente como una falta administrativa.
Detrás de una ausencia pueden existir problemas económicos, transporte, desmotivación, bullying, ciberbullying o situaciones familiares.
La pregunta es directa:
¿cómo enseñamos si el estudiante no está?
Crear espacios seguros, fortalecer el sentido de pertenencia y lograr que los estudiantes se sientan valorados también forman parte del problema educativo.
Entonces, ¿la tecnología está ayudando o perjudicando?
La respuesta depende de cómo la utilicemos.
Un celular puede distraer o abrir una puerta al conocimiento.
La inteligencia artificial puede hacer una tarea por el estudiante o ayudarlo a formular mejores preguntas.
Una plataforma puede enriquecer una clase o convertirse simplemente en otra herramienta sin propósito.
La diferencia está en el contexto, la mediación docente y el criterio con el que se utiliza.
PISA 2025 muestra que Costa Rica todavía enfrenta desafíos en matemáticas, lectura, equidad y asistencia. Al mismo tiempo, la recuperación en ciencias demuestra que también existen experiencias de las que se puede aprender.
Tal vez la pregunta más importante no sea si necesitamos más tecnología.
La pregunta es si estamos formando estudiantes capaces de utilizarla sin dejar que piense por ellos.
Preguntas frecuentes sobre PISA 2025 en Costa Rica
¿Qué evalúa PISA?
PISA evalúa cómo estudiantes de 15 años utilizan conocimientos y habilidades de lectura, matemáticas y ciencias para resolver situaciones de la vida real.
¿Costa Rica mejoró en matemáticas?
Durante el conversatorio se señaló una recuperación de dos puntos entre 2022 y 2025, después de una caída acumulada de 24 puntos desde 2009.
¿Qué ocurrió en ciencias?
Costa Rica registró una recuperación de 13 puntos entre 2022 y 2025, uno de los datos positivos discutidos durante el encuentro.
¿La inteligencia artificial perjudica el aprendizaje?
No necesariamente. El impacto depende de cómo se utilice y de la capacidad del estudiante para analizar y verificar la información que recibe.
¿Por qué sigue siendo importante el docente?
Porque el docente puede ayudar a contextualizar información, generar preguntas, verificar fuentes y convertir las herramientas tecnológicas en experiencias de aprendizaje.